Mi primer año de secundaria había sido... ¿Genial?
Tenía a mi lado a mi mejor amiga de la infancia con quién me gustaba pasar tiempo y hablar de nuestro ídolo Justin Bieber. Mis nuevos maestros eran de lo mejor... Bueno, habían excepciones; por ejemplo, el profesor de matemáticas era un borracho. Llegaba al salón de clases oliendo a alcohol. No era digno de enseñar matemáticas en una escuela religiosa. También, tenía una profesora súper buena onda, no recuerdo su nombre, pero realmente amaba su clase. Ella nos enseñaba Asignatura Estatal, pero un día, de la nada llegó un profesor nuevo. Su nombre era José, pero mis compañeros y yo lo llamábamos Petter. Él era gordo, tenía calva y usaba lentes. Ese hombre tan teto iba a sustituir el lugar de mi profesora preferida.
La primera vez que lo vi, realmente me daba miedo, se me quedaba viendo muchísimo y me sentí asustada. Así que, ese mismo día, al final de su clase, todos salieron al pasillo, pero él me dijo que si podía esperarme un momento porque quería hablar conmigo. Me sentí muy mal y comencé a creer cosas que no.
Cuando todos mis compañeros salieron, me dijo que me sentara en una banca, y lo hice. El profesor se sentó a mi lado y me dijo: "¿Cómo te llamas?". Yo, muy espantada le contesté que me llamaba Samm. Después de eso me preguntó que por qué lo miraba feo. En mi mente solo estaba el pensamiento de: "Usted me cae súper mal y quiero que regrese la profesora que me enseñaba A. Estatal". Pero, obviamente, solo fue un pensamiento. No quería buscarme problemas en mi primer año de secundaria; así que, lo único que dije fue: "Lo siento, mi mirada es un poco pesada". Él insistió en que yo lo miré feo durante su clase, hasta que por fin me dejó ir. Mientras pasaba el tiempo, comenzó a caerme mejor y mis pensamientos feos sobre él desaparecieron.
Continuará...
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